Apareció de nuevo el fantasma de Mckeon. Si quieres leer la historia completa pincha "sebastián mckeon", pero te resumo que es un fantasma del futuro, un científico de Santiago del 2050, o por ahí, se me aparece de madrugada y me pide que escriba su historia... Está poniendose entretenida...
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Capítulo III.
La protesta de los estudiantes
Se sintieron muchas voces que zumbaban al unísono. Eran los alumnos que gritaban consignas, coreando himnos y frases mientras iban hacia las rejas de la Facultad. Algunos caminaban con pañuelos en el rostro, otros portaban lienzos y pancartas sobre unos vehículos eléctricos. Comenzaba la protesta estudiantil. Volvió con prontitud al laboratorio.
- Carlos, deja los manuales y hagamos una tercera colisión antes que tengamos problemas y nos obliguen a abandonar la Facultad -.
Cada uno se dispuso en sus lugares. La imagen tridimensional del niño apareció con su rostro cándido.
- Si fuera real lo mostrado por esta máquina en la segunda colisión, se hubiera fundido el micro-reactor, o tal vez el hongo nuclear hubiera consumado la ciudad y toda el área; es imposible -, apuntó alterado el científico.
- Bueno, ahí vamos, dijo Brito
-! Tercera colisión ¡, ordenó a la imagen holográfica. Brito esperó más de lo normal.
- Lo mismo pero con desplazamiento hacia el ultravioleta -. No se que ocurre.
- Déjame ver, dijo en forma áspera Sebastián. -. Brito podía sentir los jadeos del científico tras
suyo.
- Las temperaturas han disminuido, pero aún están fuera de cualquier mesura -.
- Si, ya lo sé, dijo Sebastián en forma cortante.
- No entiendo que con esas temperaturas, y las partículas en un plasma sin posibilidades de unirse, se registre un
desplazamiento hacia el ultravioleta, como si hubiera cierta cohesión -, repuso el asistente. Al contrario, con ese calor nada podría unirse... no comprendo...-. Voy a dar una vuelta. El científico apareció nuevamente en el patio. Los gritos se veían aumentados por una fuerte arenga que era emitida desde un poderoso megáfono de un dirigente estudiantil. Unos minutos después, escuchó la detonación de los gases disuasivos. En pocos instantes, el aire se hizo irrespirable.
- Déjenlas, desgraciados, son mujeres, que están haciendo -, gritó Mackeon al ver como le pegaban a unas estudiantes. De inmediato, un policía le golpeó la espalda. El científico se cayó al suelo. Sentía más el miedo que el dolor en el dorso; se quedó inclinado, apoyado del codo en el piso. A unos escasos metros cayeron unos cilindros de los que fluían gases antimotines. El aire se hizo insoportable; Sebastián comenzó a sentir la asfixia. Tosía
compulsivamente. Se tapó la cara con el abrigo, intentando encontrar algo de oxígeno. Sintió mareo, empezaba a perder el sentido.
- Cuidado Profesor McKeon, déjeme ayudarle.-, le susurró una joven que se agachó y le tomo los hombros en señal de amparo. La policía se dispersó
velozmente.
- No te preocupes, creo que estoy bien -, dijo con ofuscación y orgullo mientras se levantaba. Caminaron hacia el coche. La joven lo apoyaba.
- ¿ Se siente bien?, lo acompaño-. Me molesta un poco la espalda, pero estoy mejor. Puedo manejar-
- Voy al centro oeste, y tengo miedo.-.
- Vamos, te llevo. Sube rápido
Al abandonar las calles de la Facultad Sebastián se tranquilizó. En otras zonas universitarias había conflicto, pero por el momento todo estaba quieto. Después llamaría al laboratorio para comunicar a Carlos Brito lo sucedido, aunque sabía de su falta de aprehensión mientras estuviera metido en los manuales.
- Como te llamas-, preguntó.
- Soledad Charmed.
La miró detenidamente. Con la alteración del momento, no había podido percibir que sus ojos eran de un verde muy penetrante, que hacían contraste con una piel de un dorado tenue, regular. Sus facciones eran bellas pero extrañas. Nunca la había visto en la universidad, y no la recordaba en clases. Además su apellido Charmed. No sabía de la existencia de un apellido empleando un término propio de la física de partículas.
Ya en el automóvil Sebastián le preguntó a la joven:
- No te había visto antes,.... ¿estás en un plan especial, te trasladaste de universidad o vienes de las
corporaciones empresariales ?
- No. Ninguna de las anteriores. Soy algo así como una creación académica;.-
- ¿ Una creación académica ?.
La joven no respondió a la sorpresa del científico. Estacionó el vehículo y bajaron. La cafetería era el
piso bajo de una antigua casa. Las paredes rojo colonial y las vigas de madera daban una sensación de calidez.
En las mesas, los mismos dispositivos que en casi todos los locales: Colocó la tarjeta de identificación y consumo en un orificio cóncavo donde un dispositivo lector del chip se activó y encendió una pequeña pantalla del grosor de un
papel. Solicitó dos cafés. Esas tarjetas tenían innumerables propósitos. Con ellas la gente se atendía en hospitales, recibía su pensión, accedía a beneficios o pagaba las compras y servicios. Cada vez que una tarjeta pasaba
por un lector magnético, la máquina enviaba la información sobre el detalle del monto del consumo a los grandes computadores de las corporaciones bancarias, las megatiendas o el gobierno. En milisegundos validaba la capacidad de consumo o derecho al beneficio del usuario, y autorizaba en línea.
Al salir de la cafetería, la joven le propuso acompañarlo hasta su domicilio. Nuevamente, sin alcanzar a
dudar, respondió afirmativamente. Buscó en el abrigo las llaves de la cerradura y abrió la puerta. Su casa era la propia de un tipo como él. Sobre la mesa del comedor, libros abiertos. Un escritorio con un computador y una lámpara moderna. El estante estaba lleno de revistas científicas. La decoración traslucía alguna mano femenina.
- Asiento -, dijo con una leve sonrisa amable.
- Gracias. ¿ Está mejor, verdad, no le molesta el empellón del policía ?
Ya estoy mucho mejor, aunque por la noche se reciente el golpe - respondió sorprendido por la inquietud de la
joven.
Tomó sus cosas, se despidieron,y se alejó de la puerta mientras la miraba caminar. Estaba confundido. Solía
enfrentar las anormalidades con tranquilidad, buscar respuestas lógicas,coherentes a los fenómenos. - Pero lo de hoy es demasiado,- pensó.
Lo mejor, -discurrió - es revisar todo. Comprendía que era una mala mezcla lo había pasado en el laboratorio, la agitación política y la aparición de la joven. Prefirió volver a la ciencia y estudiar los antecedentes de su trabajo.
- Proyecto Milesios, proyecto Milesios, aquí está -. Tomo unos discos compactos de la estantería, y los puso
sobre la mesa, tras ordenar y mover otros textos. Introdujo uno en una ranura de un centímetro ubicada en la pared, a metro y medio del suelo. Apareció una imagen en tres dimensiones. Con el dedo seleccionó sobre la pantalla, y comenzó
a leer:
Hasta ahora, la comunidad científica no sabe con absoluta exactitud la estructura y complejidades de los de los fenómenos, en el centro del Sol, respecto de las dimensiones espacio-tiempo
Resulta fundamental unir la Informática, como disciplina capaz de procesar gran cantidad de datos en un tiempo mínimo, y algún ingenio científico donde se puedan reproducir las condiciones existentes al interior del Sol, de forma de llegar a precisar lo que ocurre con el espacio tiempo. Esto nos abrirá un mundo de posibilidades para las ciencias y la sociedad del conocimiento, al mismo tiempo que constituye la indagación más
fascinante e inédita en la esencia misma de la materia
Eran párrafos del discurso que pronunció durante la inauguración del Proyecto. Desvió la vista del texto, se
fregó con la yema de los dedos los ojos, y volvió a enfocar su entendimiento sobre el problema ocurrido en el laboratorio. No sólo había reproducido experimentalmente las condiciones de temperatura al interior del Sol, sino las
había multiplicado inconmensurablemente. Además, no había generado nuevos átomos producto de la colisión de los núcleos de hidrógeno, sino un plasma. Por último, en la tercera colisión, el plasma tendía a agruparse, lo cual era absurdo.
La existencia simultánea de, por un lado, ingentes temperaturas como las existentes al interior de una estrella
y, por otro, agrupación del plasma, en una fracción millonésima de segundo, era científicamente inconcebible.
- Necesito salir, recuperar la lucidez. -, se dijo.
Volvió a la cafetería, esta vez para comer algo. Injirió con ansiedad, parecía que su mente estuviera centrada
en una acción que debía realizar. Masticar y engullir era un acto reflejo que en ese momento no le causaba ningún placer. Era como cargar una microbateria casera. Decidió que el resto del día lo tomaría libre. Volvió a su apartamento, y durmió bajo el efecto de una tableta.