El fantasma Sebastián Mckeon
Estimados amigos. estoy desesperado. Casi no dormí anoche.
Les voy a contar la historia de Sebastián Mckeon. Según "él" me dice, es una historia que le podría suceder a cualquier hombre o mujer que fuera elegido, o, quizás, que tuviera las condiciones suficientes para vivirla. Lo más loco de todo es que le ocurrirá a Sebastián McKeon, quien, según me dice él mismo, será un físico especializado en la dinámica de las partículas en condiciones extremas, y que vivirá durante la mitad del siglo XXI, en Chile.
Estoy obligado a poner su historia porque, como a Longueira en su tiempo, me está hablando. Mckeon es un fantasma. No me da susto pero molesta mucho. Se me aparece en las noches, como gasparín. Si, no estoy loco, me habla como a las 5 de la madrugada.
Se imaginan, alguien que quizás no ha nacido se comunica conmigo..... Es como un fantasta del futuro..... Me ha dicho que si no escribo lo que èl va a ir contando, no me va a dejar tranquilo, y me va a desvelar todas las noches. Si escribo, me va a despertar sólo un rato a las 5 de la mañana. Casi me lo suplicó, pero era chantaje. Tengo que tener algo para tomar apuntes.
Ahí va lo que ayer me contó que le iba a pasar. Espero que con esto me deje tranquilo al menos hasta mañana.
____________________________________________________________________________________La Facultad de Ciencias
Era muy temprano, quizás un poco antes de las siete treinta a.m.. Esa mañana, como casi todos los días, Sebastián Mckeon se dirigía a la Facultad de Ciencias. Caminaba calmado por el parque universitario, casi contando cada paso que daba. La Facultad había sido su vida desde que fue estudiante. Diez años del laboratorio a su hogar, y viceversa. El clima del invierno estaba muy parecido que de los años anteriores. Caminaba álgido, tratando de hacer frente al frío del valle que no consentía ser rechazado con ninguna prenda. Llevaba puesto un grueso abrigo de paño, y el cuello embalado en una bufanda de lana.
Sebastián McKeon, con las manos en los bolsillos del chaquetón, entró por los gélidos pasillos. Al final del camino estaba el laboratorio A-Kepler. Ese día, como los anteriores, seguiría la pauta trazada en la bitácora. El laboratorio era una esfera hueca y oscura; estaba dividida enteramente en dos por el cristal que separaba el micro-reactor de las máquinas y el mobiliario. Todo el diseño de ingeniería del lugar, incluyendo la pintura de la bóveda, estuvo pensado y dispuesto para las simulaciones científicas que día a día afanaba durante tantas horas.
Ingresó al programa donde se estaban los registros de las pruebas y las formulaciones hipotéticas que día a día había almacenado. Con los dedos en un dispositivo diminuto, dando órdenes, pausadamente, profiriendo las palabras entre vacuas aberturas.
Lo primero que hizo la máquina fue un escáner del científico antes de permitirle entrar en el corazón la información. La música sonaba en el laboratorio. Siempre escuchaba conciertos. Los violines marcaban un compás armónico. Parecía, moviendo rápidamente los dedos sobre los pulsadores, un prodigioso pianista durante la ejecución de una pieza musical. La representación holográfica de un niño, una imagen más perfecta que la realidad misma, apareció en el laboratorio, y comenzó a actuar. La máquina permitía esta opción entre millones de interfaces de figuras humanas, animales u otras. Disponía de una enorme librería gráfica. Además, la mayoría del software que había en el mundo estaba disponibles en la terranet de los mercados, y a diario, pero de noche según la zona de cada región, la máquina era cargaba con nuevos programas.
Miró las opciones que ofrecía el "ciber-entorno", concepto acuñado para este tipo de lugares de trabajo por las grandes compañías tecnológicas. Dame la primera- le dijo al niño-imagen-interfaz. Este desplegó, como un prodigioso mago en una función de gala, una carpeta virtual, y la abrió completamente. De inmediato, unas letras grandes y claras comenzaron a desplegarse, con la opción adicional para escuchar el texto. Leyó las anotaciones del día anterior, y comenzó a rellenar los recuadros correspondientes en la carpeta. Había adquirido cierta destreza en esta operación. Era la prueba cotidiana de la seguridad con que enfrentaba sus propias conclusiones.
- Graba la carpeta -, y la máquina almacenó los datos al instante. Revisó varias anotaciones, las carpetas, y la bitácora del proyecto. Después de cada instrucción que daba a la imagen, esta reaccionaba haciendo ingentes operaciones, simultáneamente, y a la velocidad de la luz, lo cual era imperceptible al ojo humano. La programación del interfaz, desde la imagen hasta las operaciones más delicadas que debía realizar, eran programables por cada usuario, y cualquier persona con conocimientos suficientes lo podía hacer.