Es bien sabido el mal destino del Rey Sísifo. El que fuera considerado el más astuto de los mortales en la mitología griega, cayó en desgracia de Zeus, el supremo Dios del Olimpo. La condena al delator consistió en subir una roca a una montaña empinada. Pero una vez que la roca estuviera cerca de la cima, siempre se caería, y Sísifo debería comenzar de nuevo su calvario..... pero eternamente.
Hace muchos años, durante una visita a Chile, después de un gran terremoto, el filósofo español José Ortega y Gasset dijo que había aquí algo de Sísifo, aludiendo a la labor de construcción después de la devastación que producen los sismos, y dado, además, la frecuencia con que ocurren.
Nos vio como una sociedad que se construye permanentemente; cuando la faena de reconstrucción está acabada, acontece un nuevo movimiento telúrico, y volvemos a lo mismo. Menos mal que los avances en la forma de erigir obras públicas y privadas, los daños y las víctimas son cada vez menores.
Pero hay algo de Sísifo en nuestro estado de ánimo general y la economía. El estado de ánimo y la economía están unidos y se influyen. Pueden ser causa y efecto recíproco. Un mal funcionamiento de la economía puede causar una depresión social y, al revés, un decaimiento en las expectativas y el ánimo de la gente puede atrasar una reactivación económica. Parece que los ciclos económicos causan un “efecto Sísifo”. en la sociedad. Cuando un país está llegando con su peñasco hasta lo más alto (tiene un alto crecimiento económico, genera empleo y su gente se siente ganadora), se le cae la roca, y, - al igual que en la penalización a este personaje mítico- debe comenzar de nuevo.
Todos se preguntan por los orígenes de la tragedia, y abundan las explicaciones. Surgen los calificativos antecedidos de una denominación constante: crisis. Las hay financiera, externa, asiática, con nombres de licores y bailes. Se buscan las soluciones para una nueva reactivación. Se pone la piedra en movimiento hacia la cima. Y en el ánimo social queda la sensación que siempre se nos caerá al fondo.
Visto de una forma optimista, esta es una condena que puede hacerse más llevadera. La roca puede ser una tremenda y pesada mochila, o, si estamos preparados, asumirse como parte del organismo social, con fuerza, decisión e incluso destreza. Podemos enfrentar muy rápido y decididos el hecho que cayó abajo, que hay que tomarla y subirla arriba.
Presento aquí algunas recomendaciones muy prácticas para alivianar la carga, como una contribución en la búsqueda de nuevos caminos hacia la cima.
1. Debemos romper "la brecha digital", incorporar a las personas a la nueva economía (la economía que va a ser manejada a través de las redes de comunicaciones). ¿Estaremos preparados frente a las economías rápidas, las que se moverán (y comienzan a moverse) transando y haciendo negocios por Internet, usando celulares o las palms, y hablado en distintos idiomas (como mínimo en Inglés)?. ¿Tenemos la infraestructura tecnológica suficiente, y está nuestra gente preparada para incorporarnos, y agregar valor en este escenario? ¿Es iluso pensar en crear focos de desarrollo de talentos y capacidades de innovación tecnológica (en software, por ejemplo) descentralizados en las comunas del país? ¿ Por qué no podrían existir muchos centros comunitarios dando acceso a Internet, cursos certificados de capacitación, desarrollando software de buen nivel, e incluso ganando dinero por estos desarrollos?. Esa es la razón de fondo de proyecto que estamos comenzando de banda ancha y cable en sectores populares.
Si impulsáramos una política de esta naturaleza, cuando se nos vuelva a escapar de las manos la piedra, quizás estemos exportando, por ejemplo, esos desarrollos tecnológicos.
2. Debemos modernizar el Estado, aplicando una política práctica dirigida hacia una mejor Gestión Pública, sobre todo en los servicios que mayor número de personas atiende, y que más impacto tienen (simplificar trámites, reducir colas), donde el uso de las tecnologías de la información permite bajar costos y ser más eficientes
3. Debemos recuperar la confianza en nosotros mismos. Debemos tratar de ser más felices, más abiertos, afectuosos y colaboradores en nuestras relaciones personales y laborales, entender que el proceso de creación y adquisición de conocimientos (el arma competitiva dominante) es integral, donde los valores y las emociones son parte fundamental. En tal sentido, tratemos siempre de fortalecer la seguridad en sí mismos de los niños y los jóvenes, siendo generosos en abrir nuevos espacios de participación y responsabilidad. El “efecto Sisifo” puede ser contrarrestado con la preparación intelectual y moral de las personas.
4. Por último, Ojo con la eduación.